España critica la cita previa impulsada por Meloni antes de la cumbre de la UE y queda fuera del encuentro

El Gobierno español ha expresado su desacuerdo con la convocatoria de una reunión previa a la cumbre informal de la Unión Europea celebrada en el castillo de Alden Biesen, en Bélgica, promovida por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, junto a Alemania y Bélgica. Moncloa considera que este tipo de encuentros paralelos, en los que no participan los 27 Estados miembros, erosionan el principio de unidad del proyecto europeo y generan dinámicas excluyentes.

Según fuentes del Ejecutivo, el malestar se trasladó en los contactos preparatorios entre los sherpas de las delegaciones. España advirtió de que no veía oportuno articular foros previos al Consejo Europeo dejando fuera a parte de los socios. Tras ese posicionamiento, Italia optó por no invitar a España a la reunión, una decisión que en Madrid no se interpreta como un desaire personal, sino como la consecuencia de rechazar el formato del encuentro.

Desde el entorno del presidente Pedro Sánchez subrayan que el choque no ha escalado al plano político entre líderes y se ha mantenido en el nivel técnico. Aun así, el Gobierno quiso dejar constancia de su rechazo a este tipo de citas, al considerar que “alejan más de lo que acercan” las soluciones en un momento en el que la UE necesita cohesión para abordar su agenda económica.

La incomodidad con el formato también la comparte el presidente del Consejo Europeo, António Costa, que habría trasladado a los organizadores que la coordinación debe producirse en los marcos comunes de la UE y no en grupos reducidos que pueden resultar contraproducentes para la cohesión interna.

Roma rebaja la tensión

Desde el Gobierno italiano niegan que exista un conflicto con España. Fuentes de Roma aseguran que Sánchez y Meloni intercambiaron impresiones en privado en el marco del encuentro de líderes en Bélgica y que el presidente español no planteó objeciones directas por no haber sido invitado a la cita previa, definida por Italia como una “reunión de coordinación” sin vocación excluyente.

El encuentro previo fue impulsado por Italia, Alemania y Bélgica para activar un grupo de trabajo informal sobre competitividad europea. Participaron numerosos países y representantes de la Comisión, lo que generó críticas por el tamaño del foro. El primer ministro belga, Bart De Wever, reconoció que la convocatoria “se fue de las manos” por el número de asistentes y admitió que este tipo de formatos puede resultar poco elegante para los socios que no participan.

Un contexto geopolítico sensible

El episodio se produce en un momento de tensiones cruzadas dentro del bloque europeo, con enfoques divergentes ante el nuevo escenario internacional marcado por la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca y el pulso económico con Estados Unidos y China. En este contexto, España defiende que los debates sobre competitividad, mercado único, simplificación regulatoria o energía deben abordarse en marcos inclusivos para evitar fracturas internas.

Fuente | elpais.com

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