La durabilidad de las baterías ha sido durante años uno de los principales interrogantes en torno al coche eléctrico. Sin embargo, un reciente análisis masivo realizado por Geotab cambia el escenario: tras estudiar 24.000 baterías en condiciones reales, los expertos concluyen que, después de seis años o 160.000 kilómetros, mantienen más del 90% de su capacidad.
Datos que desmontan mitos
El informe confirma que la degradación media anual se sitúa en torno al 1,8%, una cifra muy inferior a lo que muchos conductores temían. Esto significa que un vehículo eléctrico puede superar sin problemas los 12 o incluso 15 años de uso antes de que su autonomía se vea seriamente afectada.
Estos resultados desmontan uno de los grandes frenos psicológicos del mercado: el miedo a una rápida pérdida de valor o a costosas sustituciones de batería en pocos años.
Tecnología y gestión térmica, claves
Uno de los factores determinantes en esta longevidad es la evolución tecnológica. Los sistemas de refrigeración líquida, cada vez más extendidos, permiten mantener la temperatura de la batería bajo control, reduciendo significativamente su desgaste frente a modelos más antiguos con refrigeración por aire.
Además, los avances en electrónica de potencia han permitido optimizar incluso el uso de carga rápida. Aunque puede generar algo más de desgaste que la carga lenta, su impacto real es mucho menor de lo que se creía.
Más allá del coche: segunda vida
El estudio también recuerda que una batería no deja de ser útil cuando pierde capacidad para automoción. Incluso por debajo del 70-80%, sigue siendo válida para sistemas de almacenamiento energético, lo que amplía su ciclo de vida y mejora su sostenibilidad.
Impacto en el mercado y en la confianza del usuario
Estos datos llegan en un momento clave para la electrificación del transporte en Europa. La fiabilidad demostrada de las baterías refuerza la confianza del consumidor y da respaldo a las garantías que ya ofrecen los fabricantes, habitualmente de hasta ocho años o 160.000 kilómetros.
También tiene implicaciones directas en el mercado de segunda mano: un coche eléctrico con alto kilometraje ya no debe considerarse una opción de riesgo, sino una alternativa fiable y competitiva.
En definitiva, la evidencia apunta a que la batería —tradicionalmente vista como el punto débil— se consolida como uno de los elementos más robustos del vehículo eléctrico, reforzando su papel en la transición hacia una movilidad más sostenible.
Fuente | autobild.es
