El endurecimiento del escenario comercial entre Estados Unidos y Europa ha puesto en alerta a buena parte de la industria del automóvil, pero en Volvo prefieren rebajar el tono. Su consejero delegado, Håkan Samuelsson, ha restado dramatismo a la entrada en vigor del arancel del 15% que grava a los vehículos europeos que se venden en el mercado estadounidense y ha defendido una estrategia de adaptación basada en reforzar la producción local.
Durante la presentación del nuevo Volvo EX60, el directivo recordó que durante décadas la balanza arancelaria fue desfavorable para los fabricantes norteamericanos en Europa y que ahora se ha producido un cambio de papeles. A su juicio, el nuevo contexto no supone un golpe estructural para la marca sueca, siempre que no se endurezca aún más la política comercial entre ambos bloques.
La postura de Samuelsson llega en un momento delicado para la compañía, que ha visto resentirse sus resultados por la revisión de su hoja de ruta eléctrica, la presión competitiva en China y la incertidumbre regulatoria en Estados Unidos tras el giro en las políticas de apoyo al vehículo eléctrico. En este contexto, Volvo ha optado por reordenar su producción para reducir su exposición a los aranceles.
La compañía ha decidido trasladar a Estados Unidos la fabricación del XC60 de combustión, su modelo más vendido, con el objetivo de proteger su competitividad en ese mercado. En paralelo, el nuevo EX60 eléctrico se ensamblará en Suecia, una decisión alineada con la previsión de que su principal demanda se concentre en Europa. Esta dualidad ilustra la filosofía que la marca quiere consolidar: fabricar en cada región los modelos que más se venden en ese mercado.
No obstante, la estrategia de “producir donde se vende” no está exenta de dificultades. Volvo no dispone del músculo industrial de los grandes grupos globales para replicar líneas de producción en múltiples continentes sin asumir costes elevados. Además, los modelos que se fabriquen en Europa y se exporten a EEUU seguirán soportando el impacto de los aranceles, lo que puede traducirse en precios más altos o en una mayor presión sobre los márgenes de la marca.
El respaldo del grupo Geely aporta a Volvo una mayor flexibilidad industrial a escala global. En los últimos meses, la producción de algunos modelos se ha desplazado entre regiones para esquivar barreras comerciales, como el traslado del EX30 a Europa o la reubicación de la fabricación de Polestar en Estados Unidos y Corea del Sur. En un entorno cada vez más volátil, Volvo opta por una estrategia pragmática: ajustar su huella industrial al nuevo mapa comercial para seguir compitiendo sin entrar en una guerra abierta de aranceles.
Fuente | hibridosyelectricos.com
