El invierno siempre ha sido el gran enemigo de la autonomía eléctrica. Cuando el frío aprieta, las baterías sufren: baja la capacidad útil, se ralentiza la carga y el rendimiento del vehículo se desploma. Pero un grupo de investigadores en China acaba de presentar una solución que promete cambiar este escenario en los climas más extremos del planeta.
El equipo ha logrado que una batería de iones de litio convencional mantenga hasta un 85% de su capacidad operativa a -34 ºC, una temperatura en la que muchas baterías actuales apenas pueden funcionar con normalidad. El avance supone un salto clave para los vehículos eléctricos que circulan en regiones frías de Canadá, el norte de Estados Unidos o el centro y norte de Europa.
Hasta ahora, el comportamiento de las baterías en invierno era uno de los principales frenos para la adopción del coche eléctrico en zonas gélidas. A temperaturas bajo cero, las reacciones químicas internas se vuelven lentas, la resistencia interna aumenta y la energía disponible cae en picado. En climas cercanos a los -30 ºC, algunos modelos pierden gran parte de su autonomía real y requieren sistemas de precalentamiento para poder operar con cierta normalidad.
El electrolito, la pieza clave del rompecabezas
La clave del avance está en el electrolito, el medio por el que se mueven los iones de litio entre el ánodo y el cátodo. Los científicos han desarrollado una nueva formulación química capaz de mantener su fluidez incluso en temperaturas extremas, evitando la cristalización y el aumento de viscosidad que bloquean el flujo de energía cuando hace mucho frío.
Gracias a esta “flexibilidad química bajo cero”, los iones pueden desplazarse con menor resistencia, lo que se traduce en una respuesta del vehículo más estable, tiempos de entrega de energía más consistentes y una autonomía mucho menos afectada por el clima invernal.
Una alternativa realista frente a las baterías de estado sólido
A diferencia de la carrera por las baterías de estado sólido, una tecnología prometedora pero todavía compleja y costosa de escalar, esta innovación mejora directamente las baterías de iones de litio actuales. Esto significa que podría integrarse en las líneas de producción ya existentes sin necesidad de construir nuevas fábricas desde cero.
Si el desarrollo se valida a gran escala, el impacto sería enorme: coches eléctricos más fiables en invierno, menor ansiedad por la autonomía en climas fríos y un empujón decisivo para la electrificación del transporte en regiones donde el frío extremo sigue siendo un obstáculo tecnológico.
Fuente | hibridosyelectricos.com
