El almacenamiento con baterías ha dado un salto definitivo: ya no es una tecnología auxiliar, sino una infraestructura clave para el funcionamiento del sistema eléctrico. Así lo concluye el informe Unlocking value in battery storage de Nuveen Infrastructure, que destaca el rápido crecimiento del sector, impulsado por la expansión de las energías renovables y la electrificación de la demanda.
Uno de los factores decisivos ha sido la fuerte reducción de costes. En menos de 15 años, el precio de los sistemas de almacenamiento se ha desplomado un 90%, mientras que el coste de las baterías de ion-litio ha pasado de unos 800 dólares por kWh en 2013 a apenas 108 dólares en 2025. Esta tendencia continuará: el coste total de los proyectos a gran escala podría caer hasta un 40% adicional antes de 2030.
Este abaratamiento ha favorecido una oleada inversora sin precedentes. En 2024, la inversión global en almacenamiento energético alcanzó los 54.000 millones de dólares, más de once veces los niveles registrados a finales de la pasada década. China, Estados Unidos y la Unión Europea lideran este despliegue, concentrando la mayor parte del crecimiento y configurándose como los principales polos del mercado.
El avance también es tecnológico. Las baterías de ion-litio siguen dominando, especialmente las de litio-ferrofosfato (LFP), que ya representan el 91% del mercado gracias a su menor coste, mayor seguridad y mayor vida útil. Paralelamente, emergen alternativas como las baterías de sodio o las de flujo, que podrían ganar peso en segmentos específicos, especialmente en almacenamiento de larga duración.
Más allá del volumen, lo que cambia es el papel del almacenamiento en el sistema eléctrico. Los sistemas BESS ya no solo desplazan energía en el tiempo, sino que proporcionan servicios críticos como regulación de frecuencia, control de tensión, reservas operativas o arranque en negro. Además, contribuyen a reducir congestiones en la red y a diferir inversiones en infraestructuras eléctricas.
El crecimiento continuará a corto y medio plazo. Las previsiones apuntan a un nuevo récord de despliegue en 2025, con un aumento del 23% respecto al año anterior, impulsado principalmente por proyectos a gran escala. A más largo plazo, el mercado podría crecer a una tasa anual cercana al 15% hasta 2035.
En Europa, el almacenamiento se consolida como una prioridad estratégica. Los Estados miembros se han marcado como objetivo alcanzar 45 GW en 2030, con Alemania, Italia y España entre los mercados más dinámicos. En el caso español, las reformas regulatorias para eliminar cargas duplicadas y avanzar en mecanismos de retribución están mejorando el atractivo del sector.
Según Nuveen, el almacenamiento está evolucionando hacia un modelo de negocio más sólido y diversificado, basado en múltiples fuentes de ingresos, desde el arbitraje de precios hasta los contratos a largo plazo o los servicios de capacidad. Este enfoque mejora la rentabilidad, aunque también introduce nuevos retos operativos.
En conjunto, el informe dibuja un escenario en el que el almacenamiento con baterías se posiciona como un activo estratégico para la transición energética, clave para garantizar la estabilidad de redes cada vez más renovables y descentralizadas.
Fuente | eleconomista.es
