El grupo automovilístico chino SAIC Motor ha seleccionado Galicia como ubicación para su primera planta de producción de vehículos eléctricos en Europa, en una operación valorada en 200 millones de euros y que prevé la creación de unos 2.300 empleos entre directos e indirectos.
El proyecto, que se desarrollará entre Ferrol y As Pontes, contempla una capacidad productiva de hasta 120.000 vehículos anuales a partir de 2028. La iniciativa refuerza la posición de España en la carrera europea por atraer inversiones vinculadas a la electrificación del automóvil, en un contexto de fuerte competencia entre países por captar capital industrial extranjero.
Desde el punto de vista económico, la operación tiene un doble impacto. Por un lado, supone la entrada de inversión directa en el tejido productivo, con potencial efecto tractor sobre proveedores locales, logística e industria auxiliar. Por otro, plantea interrogantes sobre el papel de las ayudas públicas, los incentivos regulatorios y las condiciones ofrecidas para atraer este tipo de proyectos.
La Xunta de Galicia ha declarado la iniciativa como Proyecto Industrial Estratégico, lo que permitirá acelerar la tramitación administrativa y facilitar su implantación. No obstante, el desarrollo del proyecto aún está sujeto a autorizaciones clave, como las concesiones portuarias y el visto bueno estatal a la inversión extranjera.
El desembarco de SAIC —propietaria de la marca MG— se produce en un momento de transformación del sector automovilístico europeo, marcado por la electrificación, la presión regulatoria y la entrada de nuevos competidores internacionales. En este escenario, la llegada de fabricantes asiáticos intensifica la competencia en costes y tecnología.
Asimismo, la implantación en Galicia se apoya en la existencia de un ecosistema industrial consolidado, con la planta de Stellantis en Vigo y una amplia red de proveedores agrupados en torno al sector de automoción. La posible integración de empresas locales en la cadena de suministro podría amplificar el impacto económico del proyecto.
En conjunto, la operación refleja tanto las oportunidades como los desafíos asociados a la transición industrial en Europa: atracción de inversión y empleo, pero también dependencia de capital exterior y necesidad de evaluar el retorno real de los incentivos públicos utilizados.
Fuente | elmundo.es
