EuropeG integra la medida en una estrategia más robusta de la UE para fortalecer la industria europea de vehículos eléctricos.
Un grupo de expertos señala que la falta de una infraestructura de carga adecuada, una industria cómoda con márgenes de beneficio amplios, políticas medioambientales mal implementadas y un sector poco innovador son algunas de las razones del escaso interés de los consumidores europeos por los coches eléctricos fabricados en Europa, según un informe elaborado por EuropeG, un grupo de análisis económico dirigido por Antoni Castells, exconsejero de Economía de Cataluña.
El informe detalla que la ambiciosa apuesta de la Unión Europea por la descarbonización del transporte por carretera se tomó en un contexto donde los fabricantes europeos carecían de la tecnología necesaria. Sin embargo, las políticas industriales implementadas para solucionar esta brecha no han logrado cumplir con sus objetivos, como el fomento de la innovación en la producción de baterías y vehículos.
En 2023, Europa produjo solo 100 gigavatios de los 225 necesarios para cubrir la demanda de baterías, lo que no alcanza ni la mitad del requerimiento, según el informe. En cuanto a la innovación, los resultados en la industria automotriz europea son aún peores. Las comparaciones con China, que comenzó a desarrollar su industria de vehículos eléctricos alrededor de 2012, muestran la gran brecha existente, según el Informe Draghi.
Las empresas europeas tienen deficiencias en software y conectividad de dispositivos externos a los vehículos, y aunque las ventas y la producción de vehículos eléctricos han crecido, no han alcanzado las expectativas, mostrando incluso signos de desaceleración en 2024. Esto ha llevado a que los consumidores prefieran comprar híbridos o híbridos enchufables en lugar de vehículos eléctricos puros, lo que, combinado con la creciente competencia de coches chinos, está reduciendo la producción de marcas europeas.
El informe también destaca que las marcas europeas, con mayores costes de producción y salarios, han optado por fabricar vehículos de mayor valor dirigidos a una clientela menos sensible al precio, buscando generar economías de «learning by doing» para eventualmente producir vehículos más baratos para el consumidor promedio. Sin embargo, esos coches eléctricos económicos aún no han llegado al mercado, a pesar de los esfuerzos de fabricantes como Volkswagen y Citroën. Para corregir esta dirección, proponen fomentar la innovación con un cambio de enfoque, justificando las subvenciones por sus externalidades y la incertidumbre que conlleva el gasto necesario.
En cuanto a la política de aranceles impuestos por la UE a las importaciones de coches eléctricos chinos, los autores consideran que son medidas justificadas temporalmente, pero con efectos negativos, ya que también afectan a las empresas europeas que fabrican en China. A largo plazo, EuropeG sugiere negociar con China para permitir que las empresas chinas se establezcan en Europa, transfiriendo tecnología a sus competidoras europeas y asegurando el acceso estable a materiales estratégicos. Esto debe ir acompañado de una política industrial más sólida, aunque advierten que las empresas chinas, con su superioridad tecnológica, podrían dominar el sector europeo en la próxima década.
Finalmente, los autores piden suavizar las exigencias medioambientales a la industria, ajustando los plazos con las empresas y favoreciendo la innovación rápida y eficiente. Creen que esta es la única alternativa viable para preservar una industria automotriz en transformación, frente a un mundo cada vez más incierto.
Fuente | elpais.com