FMI, Banco Mundial y AIE alertan del impacto global y desigual de la guerra en Oriente Medio

El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) han advertido de que la guerra en Oriente Medio está generando un impacto económico “sustancial, global y altamente asimétrico”, con efectos especialmente severos para los países importadores de energía y las economías de renta baja.

Las tres instituciones señalan que las disrupciones en el suministro energético, agravadas por los daños en infraestructuras clave y las dificultades en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, mantendrán elevados los precios de combustibles y fertilizantes durante un periodo prolongado. Incluso con una normalización progresiva del tráfico marítimo, el restablecimiento de la oferta global requerirá tiempo.

El encarecimiento de estos insumos está trasladándose a toda la economía, con efectos directos sobre la inflación, la actividad industrial y, especialmente, la seguridad alimentaria. En este contexto, los organismos alertan del riesgo de destrucción de empleo, así como del deterioro de sectores como el turismo y el transporte.

Además, subrayan que el impacto del conflicto no se limita a los países dependientes de importaciones energéticas, sino que también está afectando a algunos productores de petróleo y gas de la región, que están registrando una caída significativa de sus ingresos por exportaciones.

Durante una reunión celebrada en el marco del grupo de coordinación creado a comienzos de abril, los responsables de las tres entidades analizaron la evolución de la crisis y las medidas de respuesta. En este sentido, destacaron la necesidad de reforzar la cooperación internacional para hacer frente a un entorno marcado por la volatilidad y la incertidumbre.

FMI y Banco Mundial reiteraron, además, su disposición a proporcionar apoyo financiero a los países más afectados, mientras que la AIE continuará aportando análisis técnico sobre los mercados energéticos. El objetivo común es mitigar el impacto del shock y facilitar la adaptación de las economías a un escenario de oferta tensionada.

Fuente | eleconomista.es

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