La Unión Europea y la India han sellado este martes el mayor acuerdo comercial de su historia y uno de los más ambiciosos a escala global. El pacto, negociado durante casi dos décadas, llega en un momento marcado por el aumento del proteccionismo, la guerra comercial impulsada por Estados Unidos y la necesidad europea de reducir su dependencia de China. Bruselas confía en que el acuerdo permita duplicar las exportaciones europeas a la India de aquí a 2032 y genere un ahorro anual de hasta 4.000 millones de euros en aranceles.
El alcance del acuerdo es extraordinario: la UE y la India suman más de 2.000 millones de habitantes y concentran cerca de un tercio del PIB mundial. Actualmente, el comercio bilateral ronda los 180.000 millones de euros, una cifra que la Comisión Europea considera susceptible de duplicarse en apenas seis años gracias a la liberalización pactada.
Un acuerdo que llega en el momento justo
Las negociaciones comenzaron en 2007, quedaron congeladas en 2013 y se retomaron en 2022 con textos completamente nuevos. El impulso definitivo llegó con el segundo mandato de Ursula von der Leyen, que eligió la India como destino de su primer viaje oficial en 2025 y fijó como objetivo cerrar el acuerdo antes de final de año.
El contexto internacional ha sido clave. El endurecimiento de los aranceles estadounidenses, la fragilidad de las cadenas de suministro y la excesiva dependencia europea de las importaciones chinas han acelerado la necesidad de diversificar socios estratégicos. En ese escenario, la India emerge como un mercado de enorme potencial y un socio geopolítico de primer nivel.
Liberalización casi total del comercio
El acuerdo prevé la liberalización del 96,6 % del comercio indio con la UE y del 99,3 % del comercio europeo con la India. En la práctica, supone una reducción o eliminación masiva de aranceles en sectores clave.
El automóvil es uno de los grandes beneficiados. Los aranceles, que actualmente alcanzan el 110 %, se reducirán progresivamente hasta el 10 % en un plazo de entre cinco y diez años, con una cuota anual de 250.000 vehículos, de los cuales 90.000 serán eléctricos. Aunque limitada, esta apertura supone un punto de entrada estratégico en un mercado en rápida expansión.
La maquinaria industrial, uno de los principales capítulos exportadores de la UE hacia la India, verá cómo sus aranceles, hoy en torno al 44 %, prácticamente desaparecen. También se beneficiarán sectores como el químico, el acero y el hierro (del 22 % al 0 %), los productos farmacéuticos, los dispositivos médicos y la aeronáutica.
Impacto directo en la agricultura europea
El acuerdo abre también la puerta a un mercado agrícola hasta ahora muy restringido. Productos clave para países como España experimentarán reducciones arancelarias significativas. El vino pasará de un arancel del 150 % a una horquilla de entre el 20 % y el 30 %, mientras que el aceite de oliva y otros aceites vegetales quedarán completamente exentos de gravámenes, tras partir de un 45 %.
Otros alimentos procesados —pan, pasta, dulces—, así como cerveza, zumos, frutas como peras y kiwis o determinados productos cárnicos transformados, también se beneficiarán. Bruselas subraya, no obstante, que los productos sensibles para el sector agrario europeo, como el arroz, el azúcar o la carne de vacuno y de pollo, quedan fuera de la liberalización.
Salvaguardas y normas estrictas
La Comisión Europea insiste en que todas las importaciones indias estarán sujetas a las normas sanitarias y de seguridad de la UE, sin excepciones. Además, el acuerdo incorpora mecanismos de salvaguarda para proteger a los sectores europeos en caso de perturbaciones graves del mercado, siguiendo el modelo aplicado en otros tratados recientes.
En paralelo, se eliminan barreras no arancelarias mediante la simplificación de trámites aduaneros, mayor transparencia regulatoria y un acceso más amplio de las empresas europeas a sectores como el transporte o los servicios financieros. El pacto refuerza además la protección de la propiedad intelectual, un aspecto clave para las compañías europeas.
Qué gana la India
La India obtiene cuotas de acceso preferencial para productos como carne de ovino y caprino, uvas de mesa, cebollas secas, pepinos, maíz dulce y ron elaborado a partir de melaza. También logra abrir un diálogo específico con la UE sobre el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), una de sus principales preocupaciones, al considerar que penaliza a su industria.
Bruselas, por su parte, se compromete a apoyar la descarbonización de la economía india con hasta 500 millones de euros en financiación durante los próximos dos años, destinados a proyectos de reducción de emisiones y transformación industrial sostenible.
Lo que queda fuera y los próximos pasos
El acuerdo no incluye capítulos sobre contratación pública, energía, materias primas ni una liberalización más amplia de la inversión manufacturera, ámbitos en los que la UE aspiraba a mayores avances. Tampoco se ha cerrado un sistema completo de protección de indicaciones geográficas, como sí ocurre en otros tratados.
A partir de ahora, la Comisión deberá convertir el acuerdo político en un texto legal, traducirlo a todas las lenguas oficiales y someterlo al visto bueno de los Estados miembros. Una vez aprobado, la UE y la India podrán firmarlo y comenzar su aplicación provisional mientras avanza el proceso de ratificación.
Para Bruselas, el mensaje es claro: en un mundo más fragmentado y competitivo, el acuerdo con la India es una apuesta estratégica para asegurar mercados, reforzar la autonomía económica europea y ganar peso en el nuevo tablero global.
Fuente | elperiodico.com
