Las fábricas de coches en China han dejado de ser espacios industriales cerrados para convertirse en destinos de ocio educativo. Lo que antes era terreno exclusivo de ingenieros y operarios, hoy recibe a familias enteras que las recorren como si fueran museos tecnológicos. Firmas como Xiaomi, NIO o Xpeng están en el centro de este fenómeno, que mezcla orgullo nacional, estrategia de marca y nuevas formas de ocio familiar.
De cadenas de montaje a destinos de fin de semana
La escena se repite cada vez con más frecuencia: familias que madrugan, se suben al coche y recorren decenas de kilómetros para visitar una planta de producción. Según recoge el medio chino Baiguan, estas excursiones se han popularizado hasta el punto de generar listas de espera y una demanda que supera con creces la oferta disponible.
El caso de Xiaomi es especialmente revelador. Desde que su fundador, Lei Jun, anunció a comienzos de 2024 la apertura al público de su planta de Yizhuang (Pekín) mediante sorteo, conseguir una plaza se ha convertido en una auténtica carrera. En algunos momentos, la tasa de éxito ha caído hasta el 0,4%, con apenas una veintena de visitantes seleccionados por sesión.
Entradas gratis… pero con reventa
El acceso a estas visitas es gratuito, pero eso no ha impedido la aparición de un mercado paralelo. En plataformas de segunda mano, algunas plazas han llegado a revenderse por cerca de 1.000 yuanes (unos 120 euros), replicando dinámicas propias de conciertos o grandes eventos.
Solo en 2025, la planta de Yizhuang recibió alrededor de 130.000 visitantes, consolidando este tipo de iniciativas como un nuevo imán de público. Otras marcas, tanto locales como internacionales —como BMW o Volkswagen—, han comenzado a replicar el modelo en sus instalaciones dentro del país.
‘Jī wá’: eDetrás de este fenómeno hay también un componente cultural. En China se ha popularizado el término ‘jī wá’, que podría traducirse como “inflar al niño”, y que describe la presión que sienten muchas familias de clase media por convertir cada momento libre en una oportunidad formativa.
En este contexto, las visitas a fábricas encajan perfectamente: combinan aprendizaje, contacto con tecnología puntera y una experiencia que puede compartirse en redes sociales como símbolo de implicación educativa.
Un recorrido pensado al detalle
La experiencia dentro de estas plantas está cuidadosamente diseñada. El itinerario habitual incluye exposición de modelos, recorrido por la línea de producción, pruebas de conducción y actividades prácticas, como montar pequeñas maquetas o llevarse recuerdos personalizados.
Algunas instalaciones incluso permiten a los visitantes comer en sus comedores, un detalle que se ha convertido en contenido habitual en redes sociales chinas y que refuerza la sensación de inmersión.
Lejos de ser una simple moda pasajera, todo apunta a que estas “excursiones industriales” forman parte de una estrategia más amplia: acercar la tecnología al público, reforzar el orgullo por la industria nacional y convertir cada visita en una experiencia de marca difícil de olvidar.ducación, presión y experiencias
Fuente | xataka.com
